Harper's Bazaar, marzo 2011 (México). Winona Ryder, entrevistada por Déborah Uranga.

WINONA POR SIEMPRE
Fue la actriz con más encanto de su generación. Tras un escandaloso incidente, seguido de un retiro voluntario de más o menos cinco años. Winona Ryder volvió hace un par de años a llenar su agenda con compromisos laborales. Con el pretexto del estreno de “El Dilema”, dirigida por Ron Howard, habla con Déborah Uranga sobre su postura frente a la infidelidad, su familia y el cambio de sus prioridades conforme se aproxima a los 40.
La imagen de Winona Ryder - piel blanquísima, cabello oscuro, enormes, enormes y expresivos ojos – está grabada en la memoria de muchos como un icono de su generación. Su delicada belleza, casi frágil, pero con una potente fuerza atrayente, es lo que ha inspirado a muchos a trabajar con ella. Desde Tim Burton (“Bitelchús”, 1998, y “Eduardo Manostijeras”, 1990), Jim Jarmusch (“Noche en la Tierra”, 1991), Francis Ford Coppola (“Dracula de Bram Stoker", 1992), Martin Scorsese (“La Edad de la Inocencia”, 1993), Woody Allen (“Celebrity”, 1998), James Mangold (“Inocencia Interrumpida”, 1999), hasta ahora, con “El Dilema”, marcando el retorno de Ron Howard a la comedia, al lado de Jennifer Connelly, Kevin James y Vince Vaughn.
Ryder se coronó como la reina de la contracultura con “Escuela de Jóvenes Asesinos” y “Bocados de Realidad”, y fue envidiada novia de Johnny Depp, quién se tatuó “Winona Forever” (Todos sabemos que lo tuvo que ‘corregir’ algún tiempo después), de un joven y guapo Matt Damon y del rockero cool de los noventa David Pirner (vocalista de Soul Asylum). Por otro lado, todavía pervive el escandaloso incidente legal en el que se vió involucrada a principios de la década pasada, tras el cual, después de cumplir las 480 horas de servicio comunitario, se alejó de los reflectores. Por eso, verla en vivo me causaba mucha expectativa… y emoción. Cuando entra a la sala del Hotel Jumeirah con un té en la mano, enfundada en unos pantalones cortos amplios de corte masculino, una delicada blusa blanca sin cuello, pero con una angosta corbata negra, un largo pendant dorado, un saco de tweed y una bolsa de Chanel, se me corta el aliento. Winona Ryder no es muy alta, pero si muy delgada y amable. Lleva el cabello recogido en algunos mechones sueltos, los cuales cuelgan sobre su cara. A sus 39 años, Winona tiene un cutis perfecto, de porcelana; se vé, simplemente, hermosa. Dice que no se somete a ninguna rutina de belleza en especial: “solo uso agua y jabón”. Ese jabón se llama Cetaphil. Y para humectar, usa un hidratante con color de Neutrogena y “una crema de ojos”. Justifica tener esa apariencia gracias a sus genes: “Mi abuela tenía 102 cuando murió y no tenía arrugas, asi que solo es cuestión de suerte que pueda lucir esta piel”, declara sonriendo. Otras de las herencias que vienen de familia es la seguridad en si misma. “Mis padres siempre me alentaron a desarrollar una personalidad propia, para así nunca sentirme insegura o fuera de lugar. Jamás tuve modelos a seguir. Hay mucha gente que me inspira, sobre en cuanto a la actuación o la escritura, pero nunca he querido ser como alguien más”, afirma. Pero ha sido tantas personas a lo largo de su carrera, y con actuaciones tan memorables… “Siempre me ha gustado el cine, pero no recuerdo haber querido, especialmente, ser actriz”, confiesa. Dice que todo comenzó como una coincidencia y que jamás imaginó estar en una película. Ryder es la hija mayor de una familia de intelectuales. Sus padres son literatos, y cuando vivían en Petaluma, California, pasaban los días rodeados de sus amigos poetas y escritores. Cuando su hija fue descubierta por un agente mientras patinaba afuera del American Conservatory Theatre, donde Winona tomaba clases de actuación sólo para distraerse, “ellos no sabían nada de L.A. y Hollywood más allá de la existencia de Judy Garland y sus historias. Fueron muy cautelosos, y hasta podría decir que trataron de convencerme para que no me dedicara a la actuación”, cuenta. Le impusieron algunas condiciones para que pudiera actuar, como mantener calificaciones altas, no perder ninguna clase, no perder ninguna clase ni curso escolar, y trabajar solamente durante los veranos. Piensa que, a la distancia, fue una decisión muy inteligente por parte de sus papás, porque mientras su carrera tomaba fuerza, ella no se dió cuenta de muchos pormenores que pudieron haber hecho que despegara los pies del piso. “Tambien existe esa otra parte en la cual ellos, siendo escritores, daban mucha importancia a la creatividad y a la lectura. Creo que eso me brindó un buen balance, porque pude hacer estas películas divertidas cuando era una niña y luego, cuando crecí, hacer otras más complicadas que requerían una verdadera escuela actoral, métodos específicos que adquirí en talleres, y un entrenamiento más elevado. Mis padres siempre me respaldaron y me mostraron su apoyo cuando se dieron cuenta de que la actuación era algo que disfrutaba y no representaba ningún peligro. Me siento muy afortunada”, expresa.
Y vaya que ha tenido papeles complejos, algunos en los que no tiene nada en común con el personaje “ni remotamente”, como en “El Crisol” (1996), donde interpretaba a una mujer del siglo XVII que por despecho acusa a la esposa de un hombre de ser bruja. “Estudié durante seis meses las reglas de etiqueta y las costumbres de la época. ¡ He aprendido tanto en la actuación !”. Dice que hay muchas maneras de lo que significa la actuación para la gente, y otras tantas para aproximarse a ese mágico mundo. “Algunos creen que se trata de hacer creer algo a la gente, algo parecido a ser un mentiroso profesional. Para mi es una búsqueda de la verdad del personaje”, explica. En “El Dilema” interpreta a Geneva Brannen, una mujer casada que es descubierta por el mejor amigo de su esposo (Vince Vaughn) teniendo un affair. “No estoy diciendo que para ese papel viví como un agente de bienes raíces que engaña a su esposo. Solo trato de encontrar la verdad del momento, y, aunque sea un actor muy cómico, Vince es grandioso haciendo eso también. No usa al personaje femenino para crear su chiste, y si él piensa que éste debe de ser tuyo, te lo cede. Es un actor muy generoso en ese sentido. Tiene una energía muy positiva”, revela sobre su compañero.
Considerando la temática de la película, nos surge la duda, ¿cuál es su postura frente a la infidelidad? “Personalmente soy una romántica. Tal vez se debe a que mis padres han estado juntos, y enamorados, por 40 años. Creo que la monogamia es posible y algo natural en algunas personas, en otras no. Puede ser que el dilema sea saber el por qué dices algo, pero creo que nunca vas a poder saber lo que realmente pasa detrás de la simple apariencia de un matrimonio. En la película se retrata lo perfecta que es esta pareja en público, pero cuando te enteras de lo que sucede una vez que están solos, se manifiesta ante ti completamente la realidad. Ves a una mujer desesperada por llamar la atención de su marido… de cualquier manera”, detalla.
Nos cuenta que ella misma ha estado en ambos lados de la situación, de saber sobre una infidelidad de alguien cercano, “He estado en ese dilema de saber algo y no estar segura si hablar o no, y cuando decido no decir nada, ser confrontaba por mi silencio. He visto amigas que creen que todo es perfecto, y es peor cuando se enteran de que yo sabía del engaño”, confiesa. Considera que es un asunto tan personal, en el que no hay manera de estar segura de lo que realmente pasa entre ellos dos, que es muy difícil tomar partido. Tambien se ha visto inmiscuida en la situación en la que tanto él como ella le compartían los detalles de los affairs que sostenían, por separado. “Yo sólo pensaba: ‘Déjenme en paz, no quiero saberlo’. Fue muy incómodo. Durante la filmación estaba leyendo “my life so far”, el libro de Jane Fonda donde relata las infidelidades de Roger Vadim. Yo nunca me hubiera imaginado que la pusiera en la disyuntiva de que él durmiera con otras mujeres. Pensé ‘bueno, estaba casada con Roger Vadim’. Pero a lo que me refiero es que uno nunca conoce la vida sexual de las otras personas, es algo que no quieres saber… la mayoría de las veces”, afirma titubeante.
Así que para Ryder “El Dilema” plantea una cuestión bastante interesante de una manera muy comprometida y con mucho corazón. “Porque es una película de Ron Howard y él tiene un corazón enorme; es una de las personas más adorables con las que he tenido el privilegio de trabajar”. Para ella, formar parte de esta producción fue una experiencia muy divertida, lo cual agradece enormemente. “Porque son papeles para los que por lo general no soy considerada. Tal vez al final comprendan la razón de haberme elegido, pero durante toda la película cuestionas esa decisión”. Esa gran gran actriz se ha caracterizado por sólo trabajar en los papeles de los que está convencida; prefiere no hacerlo a tomar algo que no le gusta. “Y también tengo otros intereses en la vida. Es importante para mí pasar mucho tiempo con mi familia; mi mundo no se limita a hacer películas. Simplemente tengo la suerte que los proyectos que he hecho han sido buenos, y me siento afortunada, agradecida y honrada. Creo que he tenido una carrera exitosa por lo que realicé durante mi adolescencia y mis veintes. Honestamente, la gente puede decir lo que quiera, pero en todos los filmes en los que me he involucrado, ha sido porque he estado verdaderamente interesada en hacerlos”. Piensa que cuando cumples 30 tus prioridades cambian.
Aviso: Esta entrevista está protegida por copyright.
Nota: El texto de la Entrevista se ha escrito, tecla a tecla, no se ha usado ningún dispositivo OCR. He cambiado el nombre de algunas Películas, ya que escribo desde España, aunque, podéis consultar el nombre en Mexicano, en cualquier portal, que trate de cine: www.filmaffinity.com ó www.imdb.es .
Quiero dar las gracias a Deborah Uranga por su colaboración, para que esta entrevista esté en mi poder, y que vosotros podáis consultarla.
GRACIAS DEBORAH !.







